¿El Retiro? Para la Baró ese término sólo significa una cosa: el Parque madrileño por que el que suele pasear. A punto de cumplir 72 años, la actriz no quiere oir hablar de jubilación. “Ahora me apetece hacer teatro” dice.
Con un rotundo "¡No te muevas!" Amparo Baró (Barcelona, 1937) me recibe en el estudio donde se ruedan los nuevos capítulos de El Internado. Y ante esta declaración, lo mejor es quedarse paralizado por si lo que viene después es una sonora colleja de las que proporcionaba Sole, su personaje en Siete vidas. Pero no. Lo que suelta la Baró es una agradable carcajada. Y eso, sinceramente, tranquiliza. Ahora interpreta a Jacinta, una estricta gobernanta, en El Internado, aunque todavía colea entre el público su anterior trabajo: "Sole fue un personaje muy querido para el público y para mí. Fueron siete años de muchísimo trabajo y de grandes satisfacciones. Sobre todo ver la gente que ha triunfado después de trabajar en la serie. Mira Paz Vega donde ha llegado, Blanca Portillo, que está rodando otra película con Pedro Almodóvar; o Javier Cámara". Antes de desgranar sus respuestas, una aclaración: quienes crean que Amparo es tal y como se la ve como en la televisión, dura, ingeniosa y entrañable, sólo han acertado en los dos últimos adjetivos. Aquí están las pruebas.
En un momento dijo que tras rodar Siete vidas se iba a retirar…
Cuando terminé Siete vidas, que fueron siete años de trabajo, pensé que me costaría mucho volver a la televisión, incluso a trabajar. Creí de verdad que era una etapa que ya había terminado y decidí descansar.
¿Y en este tiempo que estuvo alejada le entró nostalgia?
No me dio tiempo a la nostalgia. Estuve aprovechando el tiempo durante un año, a lo que llaman un año sabático. Un año que disfruté a lo grande porque yo soy muy feliz con mi tiempo libre, paseando, vigilando mi huerto, leyendo o jugando con la Wii. Sinceramente creí que era un buen momento para terminar mi carrera. Pero cuando crees que las cosas van a ser de una manera, viene la vida y te demuestra que tiene otros planes para ti. Un día llegó Daniel Écija con el guión de El Internado y cuando lo leí no me pude negar. ¡Fue imposible!
Entonces, de retirada ni hablamos…
¡No! Y mira que lo pensé. Pero ahora tengo nuevamente ganas de hacer cosas. Sobre todo, de volver al teatro. De hecho cuando termine la serie, y parece que El Internado va para largo, pienso volver a subirme a un escenario. Ya tengo la obra que quiero realizar, ¡pero ni se te ocurra insistirme porque no pienso contarte nada de nada! Cuanto esté todo bien cerrado serás el primero en saberlo.
¿Mucho teatro es lo que recomienda a más jóvenes de la serie?
Por supuesto. Si ellos de verdad desean dedicarse a esto no deberían perder la ocasión de hacer teatro. Allí no hay truco, no hay toma que se repita, gustas o no al público y también a ti mismo, porque no hay un día que la función sea la misma. El teatro siempre es diferente, te sorprendes continuamente con las reacciones del público, con tus compañeros…
Y sus compañeros más jóvenes la escucharán y le harán caso porque dicen sentir admiración por usted.
No sé si admiración. Lo que si noto es mucho cariño por parte de los jóvenes, y me encanta estar en contacto con ellos. Es recíproco. Trabajar con todos ellos me mantiene activa y con la mente despierta, pero siempre se lo repito, que trabajen, que trabajen mucho, porque el verdadero premio de esta profesión es dedicarse a ella.
Al igual que Jacinta, su personaje en El Internado, usted también se hizo a sí misma, independizándose siendo muy joven. ¿Esto endurece?
No sé si endurece, lo que sí hace es conseguir que espabiles mucho. Yo comencé a trabajar siendo una niña y en el teatro, que es donde se aprende a ser un actor de verdad, ésa fue mi auténtica escuela. A Jacinta también le ocurrió, pero no nos parecemos: Jacinta es Jacinta y yo soy yo.
También se sorprenderá con los guiones de la serie. ¿En algún momento habrá pensando: “Este follón no hay quien lo desenrolle”?
¡Continuamente! Mucha gente no se lo creerá, pero los guionistas no nos cuentan qué va a ocurrir. A veces, en la calle, la gente se me acerca y me pregunta que va a pesar. Y cuando les digo que no tengo ni idea, no me creen.
Por su carácter emprendedor y echado para delante llegó incluso a tener su propia compañía de teatro.
Siempre he dicho muy emprendedora… O muy inconsciente. Debuté en 1957 en el teatro Windsor a las órdenes de Adolfo Marsillach, que ahí esa nada, e hice grandes obras como Ondina, El sobrero de copa, Casa de muñecas, Frankie y la boda o La opinión de Amy. También dice mucho teatro en televisión, en los Estudio 1, en una época en la que había un único canal. Fue una época preciosa y, de verdad, estoy deseando volver a subir a los escenarios. Y aunque el gusanillo me lo calmó Siete vidas, porque teníamos público en directo, deseo volver a estar en contacto, subirme a diario.
¿Cómo era la televisión de la dictadura, la de Estudio 1?
Recuerdo sobre todo el trabajo con mis compañeros: Jaime de Armiñán, Adolfo Marsillach, Antonio Ferrandis, Fernando Fernán Gómez… Fue una época en la que se luchó por hacer buenos papeles en el teatro y los mismos actores que estábamos haciendo obras éramos los que trabajábamos en televisión.
Hace poco comentaba Concha Velasco que por ser mujer e independiente en esta profesión no le había resultado sencillo llegar arriba. ¿También le ha ocurrido a usted?
¿De verdad que Concha ha dicho eso? A mi desde luego no me ha ocurrido. Me siento una verdadera privilegiada, no creo que en mi caso haya sufrido machismo ni mucho menos. Creo que lo he tenido tan fácil o tan difícil como un hombre. De verdad, creo que machismo y feminismo son conceptos trasnochados.
Este año le dieron un premio Goya como mejor actriz de reparto por su papel en Siete mesas de billar francés. ¿Por qué no acudió a la gala?
Es verdad que no estuve. Pero no por nada, sino porque no suelo ir a las entregas de premios. Desde luego que se agradece que te den un premio, que tus compañeros reconozcan tu trabajo, pero no fui, es mi manera de ser. En cambio, sí que estuve cuando me entregaron la Medalla al Mérito al Trabajo el año pasado, creí que era necesario que estuviera. No te puedo decir por qué a un sitio fui y al otro no. Creo que son cosas que van con cada uno, pero de los premios me siento muy orgullosa, por supuesto.
Normalmente los actores reconocieron ser vanidosos y necesitar el reconocimiento de la gente en la calle. ¿A usted también le ocurre?
Sí, por supuesto que lo somos. Hacemos este trabajo para que la gente disfrute, para que se divierta o sienta cosas. Ésa es la verdadera intención. Y cuando te reconocen por la calle sientes mucho orgullo, porque eso significa que tu trabajo es también reconocido. Todavía hoy me piden collejas como las de Sole. Pero es que las dos, duelen, y me tengo que disculpar diciendo “lo siento mucho pero de verdad que no puedo, si quieres te doy dos besos…”. Pero me parece que hace más ilusión que les dé entre las orejas.
Pero también aseguran ser más vulnerables que los demás.
No sé el resto, pero sí que hay vulnerabilidad en el sentido de que deseamos agradar con nuestro trabajo, y ese trabajo es una esfuerzo personal que haces, una apuesta tuya y deseas gustar, deseas hacerlo bien y eso, por supuesto, te hace vulnerable.
La hemos visto en spots anunciando videojuegos para mantener la mente ágil. ¿Los utiliza?
¡De verdad que funcionan! No sabes lo divertidos que pueden llegar a ser. Aunque yo tengo la mente ágil gracias a que leo mucho y me muevo y siempre estoy rodeada de gente joven, me lo pasé genial rodando ese anuncio. Además, tuve la suerte de reencontrarme con Javier Cámara.
En sus 50 años de carrera, ¿siente que ha dejado algo en el camino?
Nada. He tenido la vida que he querido, la he vivido como he querido y como me han dejado, que, la verdad, ha sido muy parecida a lo que yo deseaba. No tengo la sensación de haberme dejado nada en el camino y eso me hace sentirme afortunada.
Tras la última pregunta vuelve a soltar una carcajada y con cariño me dice "¡Ahora ya te puedes mover!".
Transcrita por Fornarina
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Elsa, la madre putativa de Iván... jojojojo
- Yon no tiene talento, el talento es Yon -
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