Atravesar la delgada línea tras la cual habita lo privado no es fácil; ni cómodo. Supongo que el camerino es al actor lo que una cueva oscura al animal salvaje, ese lugar dónde sólo es capaz de manejarse sin tropezar él mismo; un santuario inquebrantable; lo más parecido a un hogar para una vida nómada entre los platós de televisión, los rodajes de las series y las funciones teatrales. Luís Merlo fuma un cigarrillo en su camerino del Juan Bernabé. Ni la venda que han colocado en su pie tras romperse el día antes los ligamentos es capaz de restar a su anatomía el atractivo y elegancia que luce sin intención expresa. “Como dijo el genial Freddy Mercury, Show must go on”, el espectáculo debe continuar, y finalmente, la férula no ha supuesto mayor inconveniente. Supongo que a esto se refieren “los que saben” cuando hablan de la profesionalidad y la disciplina de los artistas. Antes de la apertura de telón, a escasos veinte minutos de la función, hemos charlado un ratito con el actor.
¿Aún siguen llamándole Mauri por la calle?
Sí claro. No tanto como Luís, depende también de qué tipo de público. Si es un público más asiduo al teatro me llama más por mi nombre. Ahora también me llaman Héctor por mi papel en El Internado. La televisión es así.
¿Le propusieron seguir en La que se avecina en Telecinco?
Sí, me lo propusieron. Pero no me vi en el proyecto y pensé que era el momento de hacer otras cosas. Pero eso ya no importa, ¿verdad? Mejor mirar hacia delante.
¿Hubiera continuado en Aquí no hay quien viva en Antena 3?
Seguramente sí. Pero bueno, me he quedado en Antena 3 aunque con otra serie.
La televisión está copada ya de series, ¿qué cree que aporta de nuevo El Internado?
Pienso que es una serie distinta en Prime Time. Es una serie de género, de intriga, de suspense, de emociones, a veces claustrofóbica… y eso en Prime Time es un género no muy usual, porque en esa franja horaria lo que la gente quiere casi siempre es comedia. Pero en realidad no sé exactamente dónde está el éxito de El Internado.
Alterna las funciones de Gorda con los rodajes de la serie, ¿cómo se organiza para hacerlo todo y seguir vivo?
Durmiendo menos, más cansado… Y hoy con el incidente que tuve ayer, pues con un añadido más, pero bueno, Show must go on decía el genial Freddy Mercury, el espectáculo debe continuar.
¿Sufre alguna vez “trastornos de personalidad” entre los personajes de Tony y Héctor?
En los ensayos sí, pero luego ya una vez que eres consciente del personaje que vas a hacer, te concentras y todo sale bien. Pero claro, es normal y a veces ocurre que en los ensayos te dejas contagiar por el personaje que estás haciendo en la función y sufres pequeños lapsus.
Dice su compañero Martín Rivas que “Luís Merlo es el actor más generoso que ha conocido”, ¿se reconoce en ese adjetivo?
Yo tengo cuarenta años y siento que para mí, hace muy poco, yo tenía su edad y yo miraba a los actores de la mía con los mismos ojos con los que hoy mis alumnos me miran a mí y eso te da una sensación de responsabilidad sobre ellos y sobre la idea de que su comienzo en esta profesión, al menos en todo lo que tenga que ver conmigo, tiene que ser lo más bonito posible. En cualquier trabajo u oficio, es importante que los inicios sean bonitos, y todo lo que esté en mi mano para que el inicio de esos actores jóvenes sea bonito, lo haré para que así sea. Para darles fuerza, para que lo recuerden y para que tengan la suerte de poder decir “Empecé en el cine siendo feliz”
¿No hay generosidad en el mundo del cine y la televisión?
Hay de todo, como en la vida. Yo creo que la falta de generosidad a veces no es más que falta de fe en uno mismo. Cuando uno confía en uno mismo y en que está trabajando bien, no necesita quitar nada a nadie, al contrario. Yo comencé muy joven con Núria Espert, en la versión de Salomé de Mario Gas y diseñado por Terency Moix y fui el joven más feliz de la Tierra. Y pensé “Dios mío qué oficio tan bonito he elegido”. Y después de eso estuve trabajando en dos o tres proyectos en los cuales pensé “si esto es ser actor, lo dejo”. Y yo no quiero que nadie piense eso.
Luís Merlo procede de una familia de actores muy sólidos, ¿qué cree que tiene de los Merlo y qué de los Larrañaga?
Pronto voy a cumplir cuarenta y dos años, y me conformo con parecerme a mí mismo. Siempre me han dicho que me parezco mucho a mi abuelo [Ismael Merlo], cosa que me ha llenado de orgullo, pero ya con mi edad pues sólo espero ser Luís Merlo.
¿Se ha quedado alguna vez sin palabras para responder a su público como ocurrió al gran Alfredo Landa en los Goya?
Eso es muy serio como para contestarlo con un mínimo de frivolidad con lo que prefiero no contestar. No es un simple problema de quedarse sin palabras.
De acuerdo. ¿Qué le han parecido los Goya de este año?
Me han parecido muy bien. Creo que apoyar el cine español y no sólo el americano es siempre positivo y hace que cada vez más gente vaya a ver películas en principio minoritarias. Eso es muy importante.
¿Ha visto La Soledad?
Aún no. Así que no puedo juzgarla, pero sí he visto Siete mesas de billar francés, y me ha parecido una pequeña obra de arte.
Fuente
..........nuestro clan destrona a..........
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